
La imagen final que resulta de sus proyectos no tiene nada del prometido Reino de la Felicidad, sino que diseña paradojalmente una sociedad cerrada, un sistema social totalitario.
El Ningún Lugar sumergido en un eterno presente. Mito y realidad se funden para dar vida al “paraíso” en la Tierra, la nostalgia por un mítico edén y el firme y desesperado, deseo de su salvador advenimiento, funden la tierra prometida de Utopía.
El habitante de Utopía es el hombre que ha logrado realizar su sueño mas recóndito: ser un microelemento de un megasistema cíclico y eterno donde las dimensiones espacio-temporales del haber sido, del ser y del devenir están indivisiblemente encerradas en un eterno presente. Consciente de que lo colectivo se impone al individuo, el YO se inmola a si mismo frente al reconfortante NOSOTROS. Esta completa adhesión voluntaria e irreversible contribuye a que los individuos participen de la inmortalidad.
Utopía es una sociedad aislada, es la sociedad que forma “una especie de circulo mágico que protege al individuo de todos los males y las consecuencias de sus pecados” (J. Servier). Este círculo mágico aísla al Ningún Lugar, tanto como en el espacio como en el tiempo. La fractura temporal es esencialmente una fractura histórica. La Utopía es un plan humano para interrumpir la historia, para saltar fuera de ella. En la Ciudad Ideal, el “hombre nuevo” podrá finalmente contrarrestar la caída hacia el Mal, ya que este es ajeno y no inherente de la naturaleza humana, como lo postula también Jean-Jacques Rousseau diciendo que la sociedad es la que corrompe al hombre.
Las generaciones jóvenes de la Ciudad Nueva viven una sola dimensión existencial: el presente. Dicha condición la explica Bronislaw Baczko: “El discurso sobre la Ciudad Nueva aparece como aquel que lleva en su seno la solución al enigma de la historia y que ilumina todas las dimensiones: el presente genera futuro, pero además, el verdadero significado del pasado”. La solución al enigma de la historia es el fin de la historia. La ciudad utópica es como una imagen estática, es solamente un puerto de llegada: el ideal está ahí, donde nunca mas algo llegará a suceder, donde el péndulo del tiempo tendrá que oscilar por última vez.
¿Pero porque se dice que la Utopía es totalitaria?, por varias razones, por ejemplo diremos que el mas categórico de estos es la abolición de la propiedad privada como también la eliminación de cualquier asomo de pluralismo político y cultural. Sacudido del recuerdo de ideas de posesión y pluralismo, el Estado utopista envuelve y controla, regula y uniforma la conducta de la comunidad, organiza la educación de los jóvenes, dicta los comportamientos sexuales, fija los horarios de las comidas, del trabajo y del sueño. La legislación ideal no está constituida por leyes, sino por simples e inviolables REGLAS DE VIDA, para quien infringe esas reglas el castigo más severo es la “execración pública” (Etienne Cabet). Naturalmente estas reglas no conforman un estado jurídico sino más bien un estado ético.
A través de la lectura utópica, se pueden encontrar pasajes de las aspiraciones paradojales de los místicos, como la de “obtener la realización del individuo mediante su anulación, su absorción en lo absoluto. La utopía materialmente realizada tiene el objetivo de apagar la sed de lo absoluto” (Bronislaw Baczko).
Esta tensión hacia lo absoluto induce a los ingenieros utópicos a teorizar la destrucción de toda libertad. La idea final que resulta de sus proyectos no tiene nada del prometido reino de la felicidad, sino que diseña paradojalmente una sociedad cerrada, un sistema social totalitario.
Todo posible factor de mutación social es inhibido. Estructuras, normas y valores son inmodificables, cualquier forma de innovación queda literalmente excluida. Todo cambio será solo el perfeccionamiento y continuación de lo que ya se ha logrado y no una rediscusión.
El universo utópico esta exento de imperfecciones, en él existe una coincidencia entre los valores y el tener que ser. Se ha establecido una suerte de ser sin devenir.
El prometido Reino de la Felicidad se asemeja entonces mucho más al Reino de la Muerte. El mensaje de esperanza de la utopía se transforma en un desgarrador grito de desesperación, un grito que quita el sueño despierto; ahora el sueño ha llegado a bordear los límites de la pesadilla. El despertar ahuyenta las angustias de la pesadilla, pero no hace renunciar a Utopía, a pesar de todo, Utopía seguirá existiendo.
No obstante los desastrosos resultados, la marcha mas allá de lo posible, no se ha detenido ni detendrá jamás. El peregrinaje existencial necesita un cometa, aunque inalcanzable, el cometa será la guía indispensable para no perderse.
Ese cometa es Utopía, la Ciudad Ideal. Es el inalcanzable, aunque todavía irrenunciable, Reino de lo Absoluto.